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1996 y 2006: Discos que no deberías haber olvidado

Dos generaciones de música alternativa cumplen años al mismo tiempo, y la nostalgia no es el único motivo para revisitarlos.

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1996 y 2006: Discos que no deberías haber olvidado
Fotografia original por Isabelle Farinelli Silva

Hay algo extraño en los aniversarios musicales. Llegan, hacemos el chiste de "pero si eso fue ayer" y seguimos leyendo. Pero cuando te detienes a mirar qué discos cumplen décadas la cosa se pone interesante; no porque sean reliquias de museo, sino porque tienen algo que decirle al presente. La musica como arte siempre se mantiene vigente y cuando uno es fan, la edad de la misma es totalmente subjetiva.

El mes pasado, el actual y el próximo, dos capas de historia alternativa celebran simultáneamente: los discos que cumplieron 30 años en 1996, cuando el grunge agonizaba y el rock alternativo buscaba hacia dónde moverse, y los que cumplieron 20 años en 2006, cuando una generación completa de adolescentes construyó su identidad sonora alrededor de guitarras, eyeliner y sentimientos demasiado grandes para caber en una sola canción.

1996, el año que nadie sabía qué venía después

1996 no fue el año después del grunge. Fue el año en que quedó claro que el rock alternativo nunca había sido una sola cosa.

Mientras Soundgarden publicaba Down on the Upside y Pearl Jam seguía redefiniendo sus propios límites con No Code, otros artistas empujaban en direcciones completamente distintas — el hip-hop, el post-punk, el noise, el folk, la experimentación sin red. No había un sonido dominante porque había demasiados sonidos al mismo tiempo, todos igualmente válidos, todos compitiendo por el mismo espacio

Rage Against the Machine — Evil Empire (16 de abril, 1996)

Hay discos que suenan como su época. Y hay discos que suenan como un argumento contra su época. Evil Empire es de los segundos.

El segundo álbum de Rage Against the Machine llegó casi cuatro años después de su debut homónimo — cuatro años de giras interminables, de tensiones internas que casi los destruyen antes de entrar al estudio, de una banda que ya sabía exactamente lo que era y no tenía ningún interés en suavizarlo. Lo grabaron en su propio espacio de ensayo en Los Ángeles, sin la asepsia de un estudio de lujo, y eso se escucha en cada segundo.

Tom Morello construyendo sonidos de guitarra que nadie había escuchado antes. Tim Commerford con un bajo que pesa físicamente. Brad Wilk inamovible, preciso, implacable. Y Zack de la Rocha rapeando sobre el imperialismo, la brutalidad policial, la frontera entre México y Estados Unidos, los movimientos indígenas; no como metáfora, sino como periodismo en tiempo real convertido en furia musical.

"Bulls on Parade" es el single, la canción que todo el mundo conoce, el riff que se te mete en la cabeza y no sale. Pero Evil Empire va mucho más allá de ese hit: "People of the Sun" sobre el movimiento zapatista, "Without a Face" sobre los migrantes que mueren cruzando una frontera que el gobierno estadounidense construyó mientras celebraba la caída del Muro de Berlín, "Down Rodeo" sobre la violencia de clase en Beverly Hills. Zack de la Rocha no escribía canciones de protesta genéricas; escribía sobre casos específicos, nombres reales, contextos documentables.

Treinta años después, la ironía brutal es que el disco no ha envejecido temáticamente ni un día. Las mismas fronteras, las mismas brutalidades, la misma maquinaria. Lo que cambió es que en 1996 una banda así podía debutar en el #1 del Billboard 200. Hoy ese espacio está ocupado por otras cosas.

RATM lleva años sin actividad como banda completa lamentablemente, tras la salida de Zack de la Rocha en 2011 y los intentos fallidos de reunión.

Beck — Odelay (18 de junio, 1996)

Si tuvieras que elegir un solo disco que capturara lo que significó 1996 para la música alternativa, Odelay sería el candidato más honesto.

Beck Hansen llegó al año con Mellow Gold (1994) y la inercia de "Loser" — una canción que él mismo odiaba que se usara como definición de lo que era. Odelay fue su respuesta: un disco construido junto a los Dust Brothers que tomaba hip-hop, country, folk, noise rock y samplers de lugares insospechados y los hacía coexistir sin pedirle permiso a nadie.

"Where It's At", "Devils Haircut", "The New Pollution" — canciones que sonaban distintas entre sí pero que juntas formaban un universo coherente. Un universo que decía: los géneros son herramientas, no jaulas.

Treinta años después, Odelay sigue siendo una lección vigente. En un momento donde la música tiende hacia la hiperespecialización algorítmica — una playlist para cada estado de ánimo, cada actividad, cada hora del día — este disco suena como un argumento en contra de toda esa lógica. Suena libre, y eso es difícil de fabricar.

2006, cuando el emo se convirtió en idioma

Si 1996 fue el año del experimento, 2006 fue el año de la masificación de lo alternativo. El emo — en su sentido más amplio y comercial — se convirtió en el lenguaje emocional de una generación completa. Los discos que salieron ese año llegaron a audiencias enormes, pero sin perder cierta autenticidad que los distinguía del pop de consumo rápido.

Tres décadas de distancia con 1996. Una sola con 2006. Y sin embargo, estos discos ya suenan históricos.

My Chemical Romance — The Black Parade (23 de octubre, 2006)

Hay pocas bandas que hayan apostado tan alto y ganado tan limpio como MCR con The Black Parade.

Gerard Way y compañía tomaron la decisión de hacer un álbum conceptual — una ópera rock sobre un paciente terminal que recorre sus memorias en el momento de morir — en un momento donde ese tipo de ambición se consideraba pretenciosa o directamente suicida comercialmente. No solo funcionó: se convirtió en uno de los discos definitorios de los 2000s.

"Welcome to the Black Parade" es una de esas canciones que, cuando empieza con ese piano solitario, todavía genera algo físico en quien la escucha. Eso no se fuerza, no se ingenia en un laboratorio de hits. Eso pasa cuando una banda cree completamente en lo que está haciendo.

Lo que más llama la atención en retrospectiva es el tamaño de la apuesta temática: un disco sobre la muerte, la identidad, el miedo y la esperanza, vendido a adolescentes que lo adoptaron como himno generacional. No porque les hablara a ellos desde arriba, sino porque les hablaba con ellos, desde el mismo lugar de confusión y grandeza excesiva que sientes a los quince años.

MCR se separó en 2013, se reunió en 2019 y aun sigue activa. Pero The Black Parade es el momento donde todo cristalizó.

AFI — Decemberunderground (6 de junio, 2006)

Empezaron como hardcore punk, fueron mutando hacia el post-punk oscuro de Sing the Sorrow (2003), y con Decemberunderground dieron el paso definitivo hacia algo más cercado al rock gótico y el synth-pop de los 80s. Fue su mayor éxito comercial, debutó en el #1 del Billboard 200, y dividió a su base de fans de forma inevitable.

Davey Havok construyó en este disco una estética visual y sonora que era coherente en cada detalle — el artwork, los videos, las letras, el sonido de producción. "Miss Murder" es el single obvio, pero canciones como "Love Like Winter" o "The Missing Frame" son las que revelan lo que el disco realmente es: una exploración de la melancolía que no se disculpa por ser accesible.

Que Decemberunderground cumpla 20 años es un buen momento para revisitar a una banda que nunca recibió el crédito completo que merecía.

Panda — Amantes Sunt Amentes (2006)

Panda es una banda de Monterrey, México, que en 2006 llegó al punto más alto de su carrera con Amantes Sunt Amentes; un álbum que ganó una nominación al Grammy Latino como Mejor Álbum de Rock o Alternativo Latino, alcanzó el doble platino en México y se convirtió en el sonido de una generación de jóvenes latinoamericanos que buscaban identificarse con el rock alternativo sin tener que importarlo completamente del norte.

Panda era la prueba de que el rock alternativo en español no tenía que ser una traducción de otra cosa. Podía ser local, podía ser suyo, podía hablarle a una experiencia específica sin perder ambición sonora.

En 2026, cuando la música alternativa latinoamericana está viviendo un momento de visibilidad internacional genuina; con artistas que mezclan géneros, idiomas y referencias de forma cada vez más sofisticada — volver a Amantes Sunt Amentes es recordar dónde estaban esas raíces hace dos décadas.

No todo envejeció igual. Pero la importancia del disco en la historia del alternativo latinoamericano es indiscutible.

¿Que conecta a estos discos?

Treinta años y veinte años son distancias distintas, y sin embargo hay un hilo que atraviesa todos estos discos: ninguno de ellos se disculpó por lo que era.

Odelay no se disculpó por ser inclasificable. The Black Parade no se disculpó por su ambición operática. Decemberunderground no se disculpó por ser accesible. Amantes Sunt Amentes no se disculpó por ser latinoamericano y alternativo al mismo tiempo.

Siempre he considerado la musica como algo atemporal, pues disfruto generos, estilos y artistas de diferentes epocas, pero cuando te sientas de manera consciente y confirmas la edad de algunos discos es que terminas entendiendo la frase, de: ¿Que quieres decir con 30 años ese disco lo escuche hace cinco? Y pasa mucho especialmente con la musica con la que tenemos cierta conexión.


¿Qué discos de estos recuerdas? ¿Cuál fue el primero que escuchaste? Cuéntanos.