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La gira pasa por aquí, pero no se detiene

Las bandas de rock alternativo y artistas de renombre recorren México, Colombia, Argentina y Chile. La República Dominicana casi nunca aparece en el itinerario. RAD analiza por qué pasa y qué se puede hacer.

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La gira pasa por aquí, pero no se detiene

Hay una escena que existe en casi todos los países de habla hispana. Una comunidad de personas que escucha Zoé, Korn, NIN que conoce cada disco de Café Tacvba y Gorillaz, que compró boletas para ver a Los Fabulosos Cadillacs la última vez que estuvieron en la región, que sigue los festivales Estéreo Picnic, Vive Latino y Lollapalooza Chile como si fueran su Liga Mayor. Esa comunidad existe en la República Dominicana también. Lo que no existe, con una frecuencia preocupante, es la parada.

La gira sale de México, baja por Colombia, salta a Perú, termina en Argentina o Brasil. A veces pasa por Chile, por Costa Rica, por Panamá. Y Santo Domingo, que está en el Caribe, que tiene un aeropuerto internacional, que tiene estadios y teatros y una base de fanáticos con tarjeta de crédito lista y esa actitud de para eso trabajo, simplemente no aparece en las agendas.

¿Por qué?

La respuesta fácil es que somos una isla. La logística de traer producción a un territorio insular tiene costos distintos a los de una gira continental; equipos, backline, transporte, permisos. Eso es real y nadie lo va a negar. Pero esa explicación no alcanza para justificar el patrón completo, porque cuando el artista es suficientemente grande, el problema logístico desaparece mágicamente. Bad Bunny llena el Estadio Olímpico dos noches seguidas. Shakira tenía fecha confirmada antes de que la cancelaran. El mercado dominicano ha demostrado históricamente que el público no escatima en gastos cuando el artista lo vale.

"El problema no es la isla. El problema es la percepción del mercado."

Para un promotor internacional armando una gira de rock alternativo latinoamericano, la República Dominicana no existe en el mapa mental del género. El circuito establecido es México, Colombia, Argentina, Chile, Perú, Brasil y en ese orden, más o menos. Son mercados con festivales consolidados, con infraestructura de booking probada, con una escena local visible que genera demanda. La proyección de los grupos de rock dominicanos ha sido fundamentalmente local, y eso crea un círculo vicioso: sin exposición a bandas internacionales del género, la escena local se percibe como pequeña; porque la escena se percibe como pequeña, los promotores internacionales no vienen; porque no vienen, la escena sigue pareciendo pequeña.

Pero la escena no es pequeña. Lo alternativo en República Dominicana no es un género, sino una escena, con bandas activas, con festivales propios, con un público que existe y que ya está acostumbrado a viajar a otros países para ver a sus artistas favoritos porque nadie viene a traerlos aquí.

Eso último es importante. El fanático dominicano que quiere ver a sus artistas en formato de concierto propio, compra el boleto de avión a Bogotá o a Santiago e incluso a Estados Unidos. Ese dinero sale del mercado, sale del país, y no vuelve. Y nadie en la cadena de producción internacional lo registra como demanda dominicana, porque técnicamente no lo es.

Hay otros factores que complican el cuadro. El sistema de visas para artistas extranjeros tiene sus propias fricciones. La concentración del poder de booking en pocas manos favorece géneros que garantizan conciertos masivos, porque al final del día todo es dinero. Y el calendario de conciertos dominicano, cuando funciona bien, está dominado por urbano, bachata y merengue, que es lo que mueve multitudes aquí y lo que los promotores locales conocen y saben vender.

En 2025 al menos nueve conciertos y festivales fueron cancelados o pospuestos en el país, incluyendo algunos de artistas que en papel tenían todo para funcionar. Eso no ayuda a la reputación del mercado dominicano entre promotores y managers que están evaluando dónde poner una fecha adicional en una gira ya apretada. En el 2026 vemos grandes bandas que han agotado giras por latinoamerica y otras mas que estan iniciando, citando entre ellas NIN, Korn y Limp Bizkit.

¿Qué se puede hacer?

La respuesta no es victimizarse y esperar que alguien de afuera lo resuelva. La respuesta está en construir desde adentro lo que todavía no existe: una demanda visible, organizada y documentada.

Eso significa festivales de rock alternativo que tengan continuidad; no uno cada cinco años, sino uno cada año, que construya historial y audiencia. Significa promotores locales especializados en el género que tengan relaciones con los managers y agencias que mueven estas bandas. Significa que cuando Korn o NIN salgan de gira latinoamericana, haya alguien en Santo Domingo con el teléfono correcto y un número concreto de boletas vendidas anticipadas que justifique la escala.

Mientras más seamos, mejor para el crecimiento de la escena. Poolpo lo dijo en otra entrevista, hablando de la escena local. Aplica igual para lo que estamos describiendo aquí.

El Isle of Light es un paso en la dirección correcta. Tenemos los espacios donde la musica alternativa siempre tiene la puertas abiertas. Pero falta la pieza que conecta esos esfuerzos con el circuito latinoamericano más amplio; la que transforma a Santo Domingo de una ciudad que aparece en el mapa del reggaetón a una ciudad que aparece en el mapa del rock alternativo también.

Esa pieza no va a caer del cielo. La tiene que construir alguien de aquí.