Maru: Todavia estoy pintando
Maru lleva más de veinte años en los escenarios dominicanos. La mayoría la conoce como Maru: la voz de Cerobit, la instructora de pole y aro, la voz comercial, la bailarina que empezó en televisión a los 19 años. Todos esos títulos son reales y ninguno la define completamente.
Maru no se detiene. Vocalista, bailarina, instructora, entrenadora personal, voz comercial, madre. Cualquiera de esos títulos sería suficiente para definir a una persona. Ella los carga todos y ninguno la agota. Más de dos décadas en los escenarios dominicanos y todavía siente que está empezando.
Ya no busca la perfección. Dice que prefiere seguir pintando, que el lienzo importa más que el cuadro terminado. Y esa filosofía se nota en todo lo que hace: en cómo canta, en cómo enseña, en cómo habla de su propia historia sin intentar hacerla quedar bien.
Con Mariela nos pasó como con otros artistas que hemos entrevistado: nada que hacer, nada que agregar. Solo disfrutar sus respuestas y su honestidad, la misma que transmite cada vez que pisa un escenario.
Esta es Maru, siendo completamente humana.
La Conversación
¿Quién es Maru hoy? No la vocalista de Cerobit, no la instructora. La persona.
Hoy Maru es una especie de lienzo mágico. Un lienzo sobre el que puedo pintar, borrar, volver a pintar y cambiar completamente el cuadro todas las veces que quiera. Y creo que esa es una de las cosas que más he aprendido a permitirme con los años: no sentir que tengo que quedarme atrapada en una versión de mí solamente porque alguna vez funcionó.
He sido, y sigo siendo somehow, muchas Marus. Bailarina, cantante, actriz, instructora, mamá, empresaria, pareja, amiga. Y cada una de esas mujeres ha dejado algo en el lienzo. Algunas cosas las conservo, otras las borré y hay otras que todavía estoy descubriendo.
Si algo define a la Maru de hoy, es precisamente eso: ya no quiero vivir tratando de conservar un cuadro perfecto. Quiero seguir pintando.

El arte en tu familia siempre estuvo presente: tu madre pintora, tíos músicos, una hermana cantante. ¿Cuándo dejó de ser el ambiente en el que creciste y se convirtió en lo tuyo?
Hubo un momento en que dejó de ser simplemente mi ambiente y empezó a convertirse en una necesidad personal y profesional.
Desde pequeña me formé en danza. Mis tardes después del colegio las pasé entre salones de ballet, danza contemporánea y jazz. Pertenecía al coro del colegio. Mi primer trabajo fue como bailarina en TV nacional a los 19 años. Simultáneamente llegué a la actuación y a cantar como profesión. Todo coexistía de manera natural. Siempre supe que no necesariamente tenía que escoger una sola disciplina, porque para mí todas eran diferentes maneras de expresarme.
El arte ha sido la forma de entenderme, de comunicar lo que no siempre sé decir de otra manera y, muchas veces, de volver a encontrarme conmigo misma.
Llevas más de veinte años en Cerobit. ¿Qué tiene esa banda que ningún otro proyecto te ha podido dar?
Cerobit me vio nacer y crecer en la composición y en los escenarios de forma más profesional. Son más de veinte años de vida compartida. Y cuando has vivido tanto tiempo junto a un proyecto, inevitablemente ese proyecto termina siendo también un archivo de ti.
En cada era de Cerobit está mi historia plasmada de algún modo. Me ha visto cambiar, equivocarme, enamorarme, desenamorarme, ser mamá, atravesar momentos difíciles y volver a empezar.
Cerobit es una parte de mi vida, pero también es una parte de mi identidad artística. Y ya no se trata solamente de preguntarme qué me da la banda a mí. También pienso en todo lo que nosotros hemos construido juntos y en todo lo que todavía podemos seguir creando.
¿Cómo te describirías ante alguien que no sabe quién eres?
Siendo honesta, no me describiría. Le diría: si quieres saber cómo soy, conóceme.
Soy muchas cosas al mismo tiempo y, si me obligaran a elegir una palabra, diría que soy contradictoria. Soy fuerte y vulnerable. Muy sensible y emocional, pero también puedo ser fría y estoica cuando la ocasión lo amerita. Muy segura y tremendamente insegura en algunas áreas. Disciplinada hasta el extremo y, al mismo tiempo, bastante caótica.
No siempre soy fácil. No siempre tengo razón. No siempre sé lo que estoy haciendo.
Pero sí sé que no quiero vivir de acuerdo con lo que se supone que debería ser una mujer a estas alturas de mi vida. Nunca lo he hecho y no pienso empezar ahora.
Quizás esa sea la mejor manera de describirme: soy una mujer que todavía se está permitiendo ser completamente humana.
En 2018 dijiste que, si te trabajas mucho, dejas de ser auténtica. Ocho años después, ¿sigues creyendo eso?
Sí, y lo requeteconfirmo. En ese punto me refería más al vivir detrás de una imagen que no eres realmente. Cuando te obsesionas demasiado con construir una imagen fuera de ti misma, persiguiendo el mainstream, corres el riesgo de terminar actuando como una versión de ti que crees que los demás quieren ver. Y ahí es donde podrías perder lo más valioso y único que tienes que ofrecer: tú.
Pero eso no significa que no haya que trabajar en sí mismo desde otro punto. Todo lo contrario. Ser cantante y bailarina requiere disciplina, enseñar requiere preparación, entrenar requiere constancia.
Para mí, la diferencia está en que una cosa es trabajar para desarrollar lo que eres y otra muy distinta es trabajar para convertirte en algo que no eres.
Hoy trabajo muchísimo, probablemente más de lo que la gente ve, pero intento que el trabajo no borre la espontaneidad. Creo que la autenticidad no está en hacer todo de manera espontánea. Está en que, incluso cuando estás trabajando una versión más elaborada de ti misma, sigas reconociéndote ahí.
Cantas, bailas, enseñas pole y aro, eres voz comercial, entrenadora personal. ¿Cómo decides a dónde va tu energía?
No siempre lo decido de una manera tan racional. Muchas veces mi energía me va diciendo hacia dónde quiere ir.
Tengo muchos universos, sí, pero cuando los miro desde lejos no los siento tan desconectados. Cantar, bailar, entrenar, enseñar, hacer pole, trabajar con mi voz: todo tiene que ver con expresión y comunicación. Mi cuerpo y mi voz han sido mis herramientas durante toda mi vida.
Lo que sí he aprendido con los años es que no puedo darle el cien por ciento de mi energía a todo al mismo tiempo. Ahora intento preguntarme: ¿qué necesita más de mí en este momento? ¿Qué me está dando crecimiento? ¿Qué me entusiasma?
Y también estoy aprendiendo a decir que no. Porque tener muchas capacidades puede convertirse en una trampa si sientes que tienes que demostrar todas al mismo tiempo.
No quiero ser buena en todo por obligación. Quiero seguir siendo curiosa y poder moverme entre mis diferentes facetas porque me nace hacerlo. Aunque tal vez esa mentalidad me mantenga humildemente en olla a veces, hahaha.
Ecos Live acaba de salir. Es el primer disco de Cerobit que captura lo que hacen en vivo. ¿Qué sientes escuchándote en ese formato?
Siendo totalmente honesta, escuchar mi voz cantada sin filtros no siempre es jevi.
En vivo hay algo que no puedes editar, para bien y para mal: la energía, los errores, la interacción, la adrenalina, esa comunicación que sucede entre nosotros y la gente. Y aunque no me guste por momentos cómo suena, soy yo, siendo humana sin filtros. He aprendido a valorarlo y abrazarlo.
Escuchar Ecos Live es también escuchar una parte muy real de Cerobit y mía. Es como congelar un momento de nuestra historia y poder volver a él.
¿En qué proyectos estás trabajando ahora mismo fuera de Cerobit?
Estoy en una etapa bastante creativa, con varios proyectos caminando al mismo tiempo.
Uno de los que más me tiene enamorada es Cherry Flavor. Fue literalmente mi primera experiencia en una banda, cuando tenía 19 años, mucho antes de Cerobit. La vida nos llevó por caminos diferentes y la banda se separó. Hace unos dos años nos volvimos a juntar prácticamente for fun, sin demasiadas expectativas, y terminó pasando algo mucho más grande de lo que imaginábamos. Actualmente estamos en el estudio y a punto de lanzar nuestro primer sencillo. Hay algo muy especial en reencontrarte con personas con las que compartiste una parte tan temprana de tu vida y descubrir que todavía existe esa magia.
También estoy muy emocionada con Maru and the Holograms, mi proyecto de tributos, cuyo proyecto principal es el tributo a Lady Gaga. Me encanta porque me permite explorar otra parte de mí como artista: la interpretación, el personaje, el performance y toda esa teatralidad que disfruto muchísimo.
Hoy estoy mucho más clara de que mi norte sigue siendo la música. Pero no quiero escoger entre mis diferentes facetas. Estoy intentando encontrar la manera de que todas conversen entre sí.
¿Hay algo próximo que puedas adelantar?
Sí. Viene bastante música y bastante stage. El 18 de septiembre sale "Portal 1502", música nueva de Cerobit. Es una canción que nace de esa idea de cómo la música puede convertirse en una coordenada emocional: escuchar una canción y, de repente, sentir que vuelves a estar en un momento, un lugar y hasta frente a una persona que ya no está contigo. Es una historia muy personal que ya sentí el llamado de compartir.
El 26 de septiembre, Maru and the Holograms en el Irish Pub con el show Iconic Divas: las canciones más icónicas de las reinas del pop, en inglés y en español. En octubre continúan los tributos, esta vez con un show dedicado a P!nk y No Doubt en el mismo venue.
Y octubre también es un mes muy importante para Cherry Flavor: llega "Zambo y Mulata", su primer sencillo y el gran show del año en Caciba el 30 de octubre.
Vienen muchas cosas. Música nueva, escenarios nuevos y proyectos que me tienen particularmente ilusionada.
Siguele la pista a Maru en sus redes sociales y canales de difusión Instagram
La Lista
Esta ha sido, probablemente, una de las preguntas más difíciles de toda la entrevista.
Mi vida es muy musical. Cada fase, cada época y cada era de mi vida tiene un sonido. Hay canciones que están ligadas a personas, lugares, pérdidas, amores, momentos específicos o simplemente a una sensación que no sé explicar de otra manera.
Por eso me costó muchísimo reducirlo a 15. Terminé escogiendo 16. Y aun así, siento que esta lista apenas rasca la superficie.
"No tengo una fórmula para la vida. Me he equivocado, he perdido, he empezado de nuevo y todavía estoy aprendiendo. Pero si algo quisiera decirle a quien está leyendo esto es que no le tenga tanto miedo a cambiar de piel. A veces creemos que estamos perdiendo quiénes somos cuando, en realidad, estamos dejando espacio para descubrir quién podemos llegar a ser. Yo todavía estoy pintando mi lienzo. Y pienso seguir haciéndolo mientras tenga algo que decir, algo que cantar, algo que bailar y ganas de vivirlo."
-Maru