Aniversario: Chemical Brothers - Exit Planet Dust (31 años)
A 31 años de Exit Planet Dust, el álbum debut con el que The Chemical Brothers redefinió la música electrónica. Una joya del big beat que cruzó las fronteras entre el rock y la cultura rave, dejando una huella imborrable en las pistas de baile de todo el mundo.
Origen e historia
Tom Rowlands y Ed Simons se conocieron en la Universidad de Manchester a finales de los ochenta. Los dos compartían la misma obsesión: los discos de hip-hop americano, el acid house y todo lo que sonaba en los clubs de la ciudad en ese momento. Empezaron a tocar juntos bajo el nombre de The Dust Brothers, haciendo sets en el Naked Eye club y ganándose una reputación en la escena antes de tener un solo disco grabado.
El nombre lo tuvieron que cambiar porque ya existía un dúo de productores americanos con ese nombre, los mismos que habían trabajado con Beck y los Beastie Boys. Así que se convirtieron en The Chemical Brothers. Para 1995 ya habían sacado algunos singles que circulaban bastante bien en el underground británico, y en junio de ese año llegó Exit Planet Dust.
Treinta y uno años después, ese disco sigue siendo el punto de referencia cuando alguien quiere explicar qué es el big beat. No porque sea el más sofisticado de su catálogo, sino porque fue el primero en dejar claro que esto era algo nuevo.
Influencias
Lo que hacían Rowlands y Simons era básicamente mezclar todo lo que escuchaban sin buscar encajar en ningún genero en particular. Hip-hop, rock psicodélico, acid house, breakbeats, algo de krautrock. No estaban inventando géneros nuevos, estaban agarrando piezas que ya existían y armándolas de otra forma.
Se nota mucho la influencia del hip-hop en cómo construyen los loops y los samples. Pero también hay algo del rock alternativo de los noventa en la energía y en la distorsión. Bands como My Bloody Valentine o Primal Scream ya habían empezado a mezclar electrónica con rock en el Reino Unido, y los Chemical Brothers llegaron desde el otro lado, desde la pista de baile y encontraron el mismo punto medio.
El acid house de Chicago y el techno de Detroit están ahí también, en la estructura de los tracks, en cómo construyen tensión antes de soltar el golpe. Pero lo que los diferenciaba de los productores de club de ese momento era que sus canciones tenían una narrativa, un arco. No eran tracks para mezclar, eran canciones para escuchar.
El sonido
Exit Planet Dust suena sucio. No en el sentido de que esté mal producido, sino en el sentido de que tiene peso, tiene textura. Los beats son grandes, los bajos se sienten, y hay una energía que no es exactamente la del club pero tampoco es la del rock. Es algo en el medio.
El disco tiene momentos que van de lo casi ambient a lo completamente desbocado. Leave Home abre con un loop que va creciendo hasta que ya no puedes hacer nada más que mover la cabeza. Song to the Siren, que cierra el disco, es completamente diferente en temperatura pero encaja perfectamente en el contexto.
Beth Orton aparece en dos tracks y su presencia cambia el tono de esas canciones de una forma que tiene mucho sentido. No es un featuring decorativo, es parte de la estructura del disco.
Lo que más llama la atención escuchándolo hoy es que no suena como un disco de transición. Suena como gente que sabía exactamente lo que quería hacer.
Impacto
Exit Planet Dust salió en un momento en que el Britpop dominaba todo en el Reino Unido. Oasis, Blur, Pulp. Eso era lo que estaba en las portadas. Los Chemical Brothers venían de otro lado completamente y aun así terminaron siendo parte de la misma conversación cultural.
El big beat que definió este disco abrió la puerta para todo lo que vino después en los noventa: Fatboy Slim, Prodigy en su etapa más masiva, Crystal Method en Estados Unidos. La idea de que la música electrónica podía tener la energía del rock y llegar a un público que no necesariamente iba a los clubs de techno era nueva en ese momento y Exit Planet Dust fue uno de los primeros discos en demostrarlo.
Aquí en el Caribe, ese sonido llegó más tarde y de forma fragmentada, como llegaba todo antes del internet masivo. Via a un primo o un amigo que llegaba con el disco en la mano y te decia: "Esto esta acabando allá afuera..." Pero cuando llegó, se pegó. La escena alternativa de Santo Domingo de finales de los noventa y principios de los dos mil tenía ese disco en la rotación, junto con todo lo que estaba pasando en el trip-hop y el drum and bass. Era parte del mismo universo.
Treinta y un años después, vale la pena volver a escucharlo desde el principio. No por nostalgia, sino porque sigue funcionando. Si nunca lo has escuchado, este es buen momento para empezar.
#StayRAD