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Aniversario: The Prodigy - Music for the Jilted Generation (32 años)

Treinta y dos años después, el disco sigue siendo una referencia de lo que puede hacer un productor cuando no está pensando en radio ni en playlists. Si nunca lo has escuchado completo, este es buen momento.

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Aniversario: The Prodigy - Music for the Jilted Generation (32 años)

Origen e historia

The Prodigy venía de hacer música para pistas de baile. Sus primeros trabajos eran rave puro, electrónica de warehouse, cosas que funcionaban bien a las 3 de la mañana pero que nadie esperaba que fueran a durar. Liam Howlett era un DJ que producía desde su cuarto en Essex, y eso se notaba en cómo armaba los tracks: sin pretensiones, con lo que tenía a mano.

Para 1994, el panorama en el Reino Unido había cambiado bastante. El gobierno de John Major había aprobado el Criminal Justice Act, una ley que básicamente criminalizaba los raves ilegales y perseguía a quienes los organizaban. La cultura que había criado a The Prodigy estaba siendo atacada directamente por el Estado. Music for the Jilted Generation salió en ese contexto, el 4 de julio de 1994 y el título no era casual.

La "generación abandonada" era exactamente eso: jóvenes que no se reconocían en la política oficial, que habían construido su propia escena y que ahora veían cómo esa escena era perseguida. Howlett respondió haciendo el disco más agresivo y más largo que había hecho hasta ese momento. Un doble álbum. No era lo que se esperaba de él.

Influencias

Lo que Howlett metió en este disco no venía de un solo lugar. Había rave y hardcore de principios de los 90, que era su base. Pero también había metal, industrial, hip-hop, y una forma de samplear que debía más a los productores de Nueva York que a los DJs de Ibiza.

El punk también estaba ahí, no como sonido sino como actitud. La idea de que puedes hacer música sin pedir permiso y sin ajustarte a lo que el mercado espera. Eso conectaba con lo que estaban haciendo bandas como Rage Against the Machine en ese mismo momento, aunque desde un lugar completamente distinto.

Y había algo del hip-hop de la costa este, de la forma en que productores como DJ Premier construían tensión con loops y cortes. Howlett hacía algo similar pero con sintetizadores y breakbeats acelerados.

El sonido

Music for the Jilted Generation no suena como un disco de rave normal porque no lo es. Tiene momentos que sí, que te llevan directo a una pista, pero también tiene partes que son casi ambient, que bajan la temperatura y te dejan respirar antes de volverte a golpear.

Los breakbeats están acelerados, distorsionados, apilados. No es drum and bass exactamente, no es jungle exactamente. Es algo que estaba pasando en ese momento en el underground británico y que todavía no tenía nombre claro. Breakbeat hardcore, le llamaban algunos.

Lo que distingue este disco de lo que Howlett había hecho antes es la agresividad. Tracks como Their Law, que hizo con Pop Will Eat Itself, tienen una energía que no era típica del rave de esa época. Era música de baile que también podía funcionar como música de protesta, y eso era algo nuevo.

Hay también una coherencia en el disco que no siempre aparece en proyectos de electrónica de esa era. No es solo una colección de tracks, tiene una lógica interna, un flujo. Eso era inusual para 1994.

Impacto

Este disco llegó tres años antes de The Fat of the Land, que fue el que hizo a The Prodigy famosos a nivel global. Pero Music for the Jilted Generation es el que define qué era la banda en realidad. El que muestra de dónde venían y por qué importaban en la escena underground.

Llegó al número uno en el Reino Unido. Eso no era lo que se esperaba de un doble álbum de breakbeat hardcore hecho por un productor de Essex que nunca había estudiado música. Pero pasó, y cambió lo que la industria pensaba que era posible dentro del género.

Para la escena alternativa caribeña, este disco llegó más tarde y de forma más indirecta, a través de compilaciones, de DJs que lo metían en sus sets, de gente que lo descubrió por Fat of the Land y fue para atrás. Pero el impacto estaba ahí. La idea de que puedes hacer electrónica con rabia, con postura, sin suavizarla para el mainstream, eso resonó.

Treinta y dos años después, el disco sigue siendo una referencia de lo que puede hacer un productor cuando no está pensando en radio ni en playlists. Si nunca lo has escuchado completo, este es buen momento.

#StayRAD