Chino Sing: La esperanza de tiempos claros
Ariel Sing creció entre dos culturas y eligió una tercera: el arte. Músico, activista, escritor y fundador de Márohu, el colectivo que lleva el nombre del dios taíno de los tiempos claros. Esta es su historia.
Chino Sing no es el nombre que aparece en su cédula, pero es el más importante para la escena. Detrás de ese apodo hay una historia familiar rica, raíces chinas, tierra dominicana y un colectivo que conecta con la historia de los primeros pobladores de nuestra isla. No es casualidad.
El respeto por el arte en todas sus formas es parte de la identidad de Ariel. Desde RAD entendemos el arte como reflejo de la sociedad: algo que invita a la reflexión, que genera conversación y que nos mueve a ser mejores versiones de nosotros mismos.
La Conversación
¿Quién es Chino Sing?
Mi nombre es Ariel Sing, aunque la mayoría me conoce como Chino Sing. Mi apodo y mi apellido vienen de mi ascendencia paterna, una familia originaria de Cantón, China, y siempre he sentido que esa mezcla de culturas ha influido en mi forma de ver el mundo: con curiosidad, respeto por las raíces y una profunda conexión con la naturaleza y las personas.
Me considero un instrumento del arte y veo el arte como un desahogo del alma. Es la manera que encontré para transformar vivencias, emociones, preguntas y sueños en algo que pueda tocar a otros. No creo en el arte como entretenimiento vacío. Creo en el arte que genera conversación, que despierta emociones y que invita a reflexionar sobre quiénes somos y hacia dónde queremos ir como sociedad.

¿Cuándo y cómo empezaste?
Creo que empecé desde muy pequeño. Siempre tuve curiosidad por crear. Recuerdo pasar horas dibujando, observando colores, imaginando historias o tratando de entender por qué ciertas canciones podían hacerme sentir tantas cosas.
Con el apoyo de mis padres, alrededor de los diez años esa curiosidad se convirtió en una pasión real. La pintura fue mi primera forma de expresión. Después llegó la música y descubrí que podía expresar emociones de una manera aún más profunda. Más adelante llegaron la escritura, la fotografía y el diseño.
Nunca he visto estas disciplinas como cosas separadas. Todas forman parte de un mismo lenguaje. Algunas veces una idea nace como una canción, otras veces como una fotografía o un texto, pero al final todo responde a la misma necesidad: crear algo honesto que conecte con las personas.
¿Cómo describes tu sonido?
Es un sonido difícil de encasillar, y creo que eso es precisamente lo que lo hace especial. Mi experiencia en bandas como TKR, donde exploramos la música alternativa, y El Pueblo, con influencias de reggae, jazz y world music, me llenó de estilos y colores musicales que aún hoy siguen viviendo dentro de mí.
No me interesa hacer música desde una sola identidad. Si tuviera que describirla en una frase, diría que es una mezcla entre raíces, conciencia y libertad creativa.
Eres activista. ¿Cómo convive eso con el arte?
Para mí, ser artista implica una responsabilidad. Creo que quienes tenemos una voz y una plataforma, por pequeña o grande que sea, tenemos el deber de usarla para quienes no siempre pueden ser escuchados.
He trabajado con causas sociales y medioambientales, siendo embajador de organizaciones como Save the Children y UNICEF, y también fundé SOS Ambiente RD, un grupo de activistas comprometidos con la protección de las áreas protegidas y el medio ambiente en República Dominicana.
No veo el activismo y el arte como caminos distintos. Ambos parten del amor: amor por las personas, por la naturaleza y por el futuro que queremos construir.
Márohu es el dios taíno de los tiempos claros. ¿Por qué ese nombre?
El nombre nace de mi fascinación por las culturas ancestrales y de la profunda conexión que los taínos tenían con la naturaleza. Márohu representa los tiempos claros, la luz después de la tormenta, y esa idea me pareció poderosa.
Los taínos no separaban la vida diaria de su espiritualidad. Todo estaba conectado. Los cemíes eran deidades que regían las fuerzas de la naturaleza y Márohu era el responsable del buen tiempo, de los cielos despejados después de la lluvia. Que un artista dominicano haya elegido ese nombre para su colectivo en 2009 no es algo que pasa al azar. Es una declaración de pertenencia.
El propósito del colectivo es precisamente ese: ayudar a aclarar los cielos nublados de nuestra sociedad a través del arte. Utilizar la música, la imagen, la palabra y la creatividad para abrir espacios de reflexión, despertar conciencia y generar esperanza. Siento que Márohu resume perfectamente mi visión: el arte no solo debe reflejar la realidad, también puede iluminarla.
Fundaste Márohu en 2009. ¿Cómo se sostiene algo así más de quince años sin infraestructura de soporte?
Creo que la respuesta más honesta es: por necesidad.
El arte nunca ha sido un lujo para mí, sino algo tan esencial como respirar. Nunca he medido lo que hago únicamente por el apoyo externo o por las circunstancias. Lo que creo nace de una necesidad interna de expresar, de comprender y de compartir.
Desde 2009 no he dejado de crear. Ha habido etapas más activas y otras de silencio, momentos de mucha exposición y otros de introspección. Pero el compromiso siempre ha estado ahí porque es un compromiso conmigo mismo y con mi naturaleza.
Hay artistas que crean cuando las condiciones son perfectas. Chino Sing crea porque no puede no hacerlo. Esa distinción lo dice todo sobre por qué Márohu sigue en pie.
¿Qué ha tenido que ceder Márohu para sobrevivir y qué no ha cedido jamás?
Márohu ha cambiado de formas, de ritmos y de integrantes, pero hay algo que jamás ha negociado: la honestidad.
El único sacrificio que nunca estaríamos dispuestos a hacer sería dejar muda el alma. Porque al final eso se paga con la salud mental y emocional.
Mientras exista esa necesidad, Márohu seguirá existiendo.
¿En qué proyectos estás trabajando ahora mismo?
Actualmente estoy trabajando en el disco de Márohu, del cual ya hemos lanzado tres temas, siendo "Contaminación" el más reciente. También estoy inmerso en el nuevo disco de TKR, con el segundo sencillo próximo a salir luego de "Flor del Desierto", además del EP acústico Cimarrona Live Sessions, donde reinterpretamos algunas de las canciones más emblemáticas de TKR.
Además estoy trabajando en un libro de poesía, escritos e ilustraciones que espero publicar este año. Son tiempos de mucha creatividad, de sanar, de reconectar y de construir cosas hermosas. Siento que apenas estoy comenzando una nueva etapa.
Disco de Márohu, disco de TKR, EP acústico y un libro de poesía. Todo al mismo tiempo. Para Chino Sing eso no es dispersión, es simplemente cómo funciona.
La Lista
Chino comparte música como quien dice: esto me hizo sentir algo y quiero que tú también lo vivas. En sus playlists conviven Burna Boy, Joe Dwet File y su primo Riccie Oriach, porque lo que busca no es un género específico sino autenticidad y emoción. Lo más reciente que compartió fue Fem Voye de Joe Dwet File, que mezcla Kompa con elementos del afrobeat contemporáneo de una forma que lo dejó fascinado.
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No aspiro a tener todas las respuestas. Prefiero hacer preguntas honestas, sembrar conciencia y crear espacios donde las personas puedan encontrarse consigo mismas y con los demás.
Si algo quisiera dejarle a quien lea esto es una invitación: no permitan que el mundo les apague la capacidad de asombro. Protejan su sensibilidad. Cuiden la naturaleza. Amen sin miedo. Y cuando los cielos se nublen, recuerden que siempre podemos crear nuestra propia claridad.
Al final, eso es Márohu para mí: la esperanza de tiempos claros.
"Soy hijo de muchas raíces: de mis ancestros, de mi isla, de la música que me salvó y de las personas que han caminado conmigo. He entendido que el arte no es una meta ni una profesión; es una forma de respirar y de darle sentido a la existencia."
- Chino Sing